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Del Paisaje Urbano

INCIERTO DESTINO PARA LA CASONA DE MANSILLA
De mansión a colegio y a casa tomada

Fue sede de la Escuela Normal N° 10 hasta 1982
Está valuada en 2 millones de pesos
Quieren crear un centro cultural
Allí vivió un personaje rico y multifacético

Resulta imposible imaginar que alguna vez fue una de las grandes mansiones de Buenos Aires. Paredes agrietadas, ventanales rotos, verjas herrumbradas. Hay graffiti y suciedad por todas partes y más de 70 gatos. Las palomas se han hecho fuertes en el extenso alero del tejado.

Eran los únicos signos vitales de la derruida casona, situada en Golfarini y 3 de Febrero, en el barrio de Belgrano, hasta que hace dos meses se instalaron en los sectores externos 40 personas alegando representar a una asamblea vecinal.

Colocaron varios carteles. Uno dice: "Merendero, martes y jueves, de 16 a 18". Otro, con tono de proclama, señala la intención de "recuperar un predio abandonado para usarlo con fines sociales, culturales y recreativos". En algún vitraux aún intacto se lee el monograma LVM, correspondiente a su primer propietario, Lucio Victorio Mansilla.

A los ocupantes "reivindicativos" se opone la Comisión de Defensa de la Casona de Mansilla, calificándolos de intrusos,"colgados" de los cables de electricidad. El grupo está integrado por ex docentes y alumnos de la Escuela Normal N° 10, que funcionó allí desde 1915 hasta 1982.

Nuevos reclamos

La "toma" llevó a la comisión a redoblar sus reclamos al gobierno porteño, tras aparecer un cartel de venta en el frente de la casa, propiedad de los sucesores de Jorge Panela, fallecido en 1999, lo que podría dar luz verde a la demolición. La temida perspectiva fue atenuada, en parte, con la declaración de monumento histórico nacional, por ley 25.317. Alicia Pangella, secretaria de la comisión, dice que el gobierno debe hacerse cargo de la residencia y crear en ella una biblioteca y un centro cultural.

Se la llama "la casa de Mansilla", pero su nombre original fue Villa La Esperanza, edificada entre 1880 y 1890, en estilo neorrenacentista. Mansilla fue a vivir allí en 1892, aunque sólo por tres meses. Una desafortunada operación de Bolsa, dicen algunos. Un pésima noche de póquer, afirman otros.

Hombre inusualmente multifacético, Lucio V. Mansilla (Buenos Aires, 1831 - París, 1913) fue militar, político, escritor, periodista y viajero infatigable. Se relacionó con la nobleza europea y con otra gente sin blasones, pero no de menos real linaje: los indios.

En un somero trazo del autor de "Una excursión a los indios ranqueles", título imprescindible de la literatura argentina, surgen su participación en la guerra del Paraguay, en una curiosa alternancia entre la actividad militar y el periodismo, y su labor como diputado y como gobernador del Chaco, designado por su amigo Nicolás Avellaneda.

Cinco años después de enviudar, su segundo casamiento, con Mónica Torromé, lo celebró en Londres el cardenal Herbert Vaughan, arzobispo de la catedral de Westminster. La afición viajera de Mansilla abarcó toda Europa y la India, China y Egipto.

Fue frecuentador del ambiente parisino descripto por Marcel Proust en su célebre "En busca del tiempo perdido", al que lo introdujo el conde Robert de Montesquiou-Fézensac.

Poseedor de un agudo sentido del humor, en una ocasión Mansilla se topó con un incidente callejero. Un policía le impidió el paso y como no sirvió que le dijera quién era empujó al uniformado, que cayó al suelo, lo cual aprovechó para continuar su camino.

En la versión de un diario se informó que Mansilla había golpeado al policía con un sable. El "agresor" hizo publicar una breve aclaración: "No lo golpeé con el sable, pero sí le corté una oreja y, puesto que tenía hambre, me la comí". Una réplica digna de Borges. Y cuyo costado gastronómico habría hecho relamerse a un tal Hannibal Lecter.

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Publicado el: 23/11/2002
Autor: Diario La Nación


Incierto destino para la casona de Mansilla

 


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